Existe un tiempo en Second Life.Cada cual tiene en suyo.
A veces tardas en descubrirlo.
Tu tiempo no es sólo tuyo, no eres unicamente tú quien lo moldeas.
Una vez que lo entiendes, ya es tarde.
Impresiones de un avatar recargado.
Varias veces me fui. Para volver, incluso con la certeza de que no existía la posibilidad de retorno.
¿Dónde termina Second Life? No lo sé, no me importa saberlo. Es parte de mi inconsciente. Vuelven recuerdos del metaverso en cualquier momento. Terminamos por aceptarlo: una parte de nuestra vida es digital. Transcurre en estado digital, en este mundo de píxeles. Son muchos años también en este lado de la pantalla. Es cierto, ya no entro como antes. Pero ¿qué querrá decir eso? No lo sé. Second Life es parte de mi modo de ver el mundo.

Hubo un tiempo en el que Second Life estuvo de moda. Tenía todo para seducir, pero más que nada la novedad. La idea de metaverso se hacía realidad. Las revistas y los diarios publicaban muchas notas sobre sus efectos y singularidades. Estamos en otra era (los tiempos de la web son vertiginosos) y este mundo digital sigue transformándose. Y lo seguirá haciendo mientras ensayemos nuevas formas de estar en él.